Herida que no cierra. Odio macerado. Plato con sabor amargo y rancio. Una piedra que aplasta el alma humana.

Oxida todo a su paso hasta corroer los más nobles sentimientos.

Con paso acelerado puede encontrar el camino al corazón y desarmarlo pieza por pieza hasta dejarlo inerte, gélido, petrificado.

No entiende razones. No puede. No quiere. Muere ahogado en su rabia y agoniza víctima de su traición. Destila veneno de oscura mirada, paralizado por ya no sabe qué.

No hay perdón, no hay olvido: solo un desierto de arena negra, espejo de su propia oscuridad.

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