Con muchos prejuicios y poca expectativa la China esperaba agazapada. Treinta horas de vuelo fueron suficientes para querer llegar al país de oriente que llaman emergente.

“No me gustan los chinos. Los chinos son sucios. Son maleducados y escupen. Tienen olor.” Estas cualidades y otras más son las que muchos le atribuyen a este pueblo, sereno, amable, respetuoso , trabajador, milenario.

Blanca, esperaba en el primer destino, estaba allí, casi invisible, sin saber que habita el pais más poderoso del mundo.

Era el punto de partida de un viaje inolvidable, de aprendizaje, de sorpresas y emociones. Habíamos llegado a la China inesperada.

Anuncios

Lo inesperado que pulveriza todo. Ayer quedaron hijos que amar, vida que soñar. Un mensaje sin mandar, una historia sin contar. El pecho aplastado no puede respirar. El alma rota no encuentra sus pedazos. No entiende de finales sin final. Las palabras mudas que quieren decir . La canción sorda que no tiene fin. Y un montón de vida apilada , justo ahí.

Herida que no cierra. Odio macerado. Plato con sabor amargo y rancio. Una piedra que aplasta el alma humana.

Oxida todo a su paso hasta corroer los más nobles sentimientos.

Con paso acelerado puede encontrar el camino al corazón y desarmarlo pieza por pieza hasta dejarlo inerte, gélido, petrificado.

No entiende razones. No puede. No quiere. Muere ahogado en su rabia y agoniza víctima de su traición. Destila veneno de oscura mirada, paralizado por ya no sabe qué.

No hay perdón, no hay olvido: solo un desierto de arena negra, espejo de su propia oscuridad.

E8BE2E27-C87F-45B6-9F8C-60329FB6AE7D.jpegRegreso a las carreteras de la mente pero esta vez como oficinista que llega tarde.

Por la ventanilla y a toda velocidad pasan los paisajes, los escenarios, los extras, las penas, alegrías, los olvidos.

Se hace tarde. Pero: para qué? Miro con atención a ver si pero no está ahí. Un semáforo rojo detiene la marcha y levanto el pie del acelerador. Espero con ansiedad infinita que llegue el verde. Los minutos parecen años. Por fin verde y acelerador a fondo. A ambos lados de la ruta vuelan fotografías de mi vida: niño, joven, hombre, adulto, anciano, hijo, novio, padre, abuelo, hijo, niño. Niño, niño…. Sí! Ahí está. Lo puedo ver a lo lejos, en esa curva cerrada donde se esconde aquel jacarandá de flores lila intenso.

Tenía una cita con aquel niño que fuí y que busco,sin suerte, por años. Él estaba ahí,con sus medias tres cuartos y su pantalón corto. El mechón rubio y la cara llena de sol. La pelota en sus manos y esa expresión de recreo en los ojos. El auto frena de golpe, justo en la curva.

Lo perdoné. Le dí un abrazo fuerte como ese que recibí de mi abuelo una vez . Un abrazo infinito que terminó en llanto, en alegría. Te perdono- dije. Estoy muy orgulloso de vos.

Con su mirada infinita sonrió y se prendió de mi cintura sin soltarme. Gracias!- me dijo. Y un peso gigante que llevaba en la espalda cayó y la tierra tembló entera.

Se despidió de mí moviendo su mano derecha y mirándome fijo por encima de su pequeño hombro. Y después corrió hacia el horizonte , pateando su pelota, hasta que lo perdí de vista.

Ahora el viaje de regreso por la misma autopista de la mente. La misma pero distinta. Algo había cambiado. Había cambiado todo.

Una comida caliente. Una mano que se extiende. El encuentro de miradas después de la nada. Las buenas noticias. Esa llamada justo a tiempo. El amor hechicero que cura las heridas. La oportunidad que aparece y la suerte que acompaña. Esa flor de un día que todos admiran. La sonrisa de un hijo después de la fiebre. Llegar a casa cada día. El abrazo inesperado. Un pedacito de sol en medio de la tormenta. El viento en la cara. Los muchos años y los pocos. Los amigos que amortiguan la caída. La familia que no se elige pero te elige. El sonido de esa canción. La vida.

Inalcanzable y lejano se escurre entre horas sin sueños ni descanso. No alcanza. Se apura entre la gente que lo busca y corre sin mirar a nadie. Es capaz de volar ; viaja con el viento. Los dos se alejan y se ríen cómplices mientras los días pasan y los minutos no saben, no entienden ni porqué.

Tiempo?: receta milenaria que permanece oculta entre almanaques y relojes. Alquimia misteriosa de necesidades y deseos. Dimensión intangible que marca el latido del alma humana.